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asesor de familias empresariasHace tiempo que me pasaba por la cabeza escribir una entrada sobre la profesión de asesor de familias empresarias. Aun así, no me acababa de decidir. La razón es que, como posiblemente la leerán clientes, compañeros y futuros compañeros de profesión y otros colectivos vinculados con el mundo de la empresa familiar, quería encontrar las palabras adecuadas, debidamente matizadas, para que nadie pudiera sentirse molesto con el contenido de la misma.

Cuando hace once años decidí abandonar el mundo de la empresa para dedicarme a la profesión de asesor de familias empresarias, no me podía imaginar que me aportaría tanto a nivel profesional y como persona. Tras haber trabajado con más de ciento cincuenta familias empresarias en Family Business Solutions mi valoración del cambio no puede ser más positiva. Me alimenta de ilusión para seguir aportando, conjuntamente con mi equipo, mi mejor hacer en este campo. Un campo, por cierto, tan poco apoyado por las instituciones que no se cansan de loar las bonanzas de la empresa familiar, pero que, sin embargo, tan poco hacen para su desarrollo y continuidad.

Asesor de familias empresarias: Una profesión magnífica, ingrata y poco valorada

En el título del artículo he utilizado los adjetivos magnífica, ingrata y “poco valorada”. A continuación, os daré algunos argumentos para que entendáis mejor mi opinión.

Una profesión magnífica

Comienzo por lo fácil. Que profesión tan MAGNÍFICA, bonita y gratificante. Ver que, con tu ayuda, la gente es capaz de ordenar la relación familia-empresa-propiedad y mejorar la armonía familiar, que muchas veces cuando conoces a los miembros de una familia empresaria se encuentra deteriorada, no tiene precio. Asimismo, ver que, transcurridos unos años, con tu aportación, aquella familia empresaria ha sido capaz de consolidar el relevo generacional, los órganos de gobierno, la profesionalización y, en definitiva, la continuidad del negocio, es sencillamente fascinante, enriquecedor y formidable.

Una profesión ingrata

Cuando utilizo el adjetivo de INGRATA, lo hago porque muchas veces nos toca hacer de “poli malo”. A menudo debemos decirles a empresarias y empresarios cosas sobre ellos o sus descendientes que muchas veces no desearían escuchar. Por ejemplo, que no hay relevo en casa, que transmitir un negocio a dos hijos al cincuenta-cincuenta no es una buena opción, que hay que eliminar comportamientos de nepotismo, entre otros. Y esto no suele ser fácil, especialmente porque nos toca trabajar en la dimensión de las emociones, fruto de la mezcla de familia y empresa.

Una profesión (algunas veces) poco valorada

Y cuando digo “POCO VALORADA” me refiero a dos ámbitos: el de la intromisión en la profesión y también el del desconocimiento de nuestro trabajo, cosa que algunas veces hace que, a diferencia de lo que sucede con otras áreas de la consultoría, se valore poco a nivel económico.

Comenzaré por la intromisión en la profesión. Para realizar mi nuevo trabajo como asesor de familias empresarias tuve que formarme para, al margen de mi formación empresarial y conocimiento del mundo de la empresa, tener formación como consultor y también en terapia familiar sistémica. Esto, junto con estar rodeado de un equipo de magníficos profesionales de diferentes áreas, me ha permitido realizar mi trabajo con conocimiento y con la responsabilidad necesaria que supone tratar sobre el futuro de familias, personas, empresas y patrimonios.

Sin embargo, no todos los profesionales están debidamente preparados. Muchas veces hemos de intervenir en familias que, fruto de un mal asesoramiento previo, se encuentran en serias dificultades a nivel empresarial o fracturadas a nivel familiar. Evidentemente, esto es muy grave. Nos hemos encontrado con algunos profesionales que son grandes expertos en un área, e incluso grandes docentes, pero que tienen gran desconocimiento del mundo de la empresa y de la familia y aun así se atreven a asesorar en procesos complejos, en los que muchas veces se requiere la intervención de más de un profesional. Y de aquí lo de poco valorada, porque si realmente se valorara, como sucede con otros campos de la consultoría, se respetaría que hay que tener unos mínimos conocimientos de empresa, economía y derecho y cierta formación en psicología para poder realizar con garantías el trabajo de asesor de familias empresarias.

Por último, y aquí los asesores de familias empresarias tenemos parte de la culpa, nuestro trabajo se desconoce. Se ve claramente que lo nuestro va de confianza (¿cuánto vale un quilo de confianza?), pero, por norma general, veo que algunos clientes están dispuestos a pagar más por consultoría de innovación, estratégica o informática. Y aquí es donde hemos de hacer un doble esfuerzo: el pedagógico para que se conozca mejor la complejidad de nuestro trabajo y el económico para conseguir que los precios sean los justos y adecuados para que se valore cada día más la MAGNÍFICA profesión de asesor de familias empresarias.

 

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